Los movimientos
migratorios han sido el pasaporte de salvación en la historia de la humanidad,
para aquellas personas que sufren pobreza o que sus países atraviesan
diferentes tipos de crisis. La migración puede obedecer a varias causas, Pobreza,
hambre, desempleo, guerras, persecuciones políticas, religiosas.
Nosotros podemos
contribuir desde nuestras familias, nuestra comunidad, informando a los y las
hermanas con interés de migrar, en el sentido que en todas partes hay
dificultades y que los Estados Unidos, para muchos no es lo que se han
imaginado o lo que les han contado. El migrante siempre es un extranjero en
otra tierra. Los nacionales siempre ven al extranjero como la persona que llega
a competir por las oportunidades de vida: empleo, vivienda, salud, etc. El
migrante siempre esta y vive siempre con la nostalgia de su tierra, la cual abandonó
pero en el fondo alimenta la esperanza de regresar a su terruño querido.
La realidad no es para
la mayoría tan bonancible como se quisiera. Poco a poco ese ambiente esa
cultura va absorbiendo a la gente de manera que cuando quieren regresar, ya no
es posible. De alguna manera se han dejado absorber por esa nueva sociedad que
les ha impuesto su modo de vivir, de alimentarse, de recrearse y de consumir. Otro
aspecto por el que se les dificulta regresar es por la familia. A inicio se da
una desintegración familiar al momento de migrar, a su llegada al país de
destino, establecen una nueva familia o ayudan a migrar la que han dejado
atrás, varios años después que quieren regresar ocasionan una nueva ruptura
familiar, lo que al final les impide volver.
Los daños a la familia
y a la sociedad son irreversibles. Problemas como el de las maras se han
generado, en buena parte; por la falta de atención de los hijos por parte de
sus padres. El hecho de quedar los niños y jóvenes a la tutela o bajo el
cuidado de los abuelos y de otros familiares, ocasiona problemas de disciplina
y de autoestima, que al final terminan incorporándose a grupos fuera del núcleo
familiar.
Los procesos migratorios
en El Salvador y en el área Centroamericana se dan desde hace poco más de un siglo
(100 años). A principios del S. XX, la modalidad fue interna con carácter
temporal y principalmente población rural, también era relevante la Migraciòn a
países del área centroamericana para responder a las necesidades de la demanda
laborales en proyectos de desarrollo como la construcción del canal de Panamá, y
en actividades del mercado agroexportador en las plantaciones bananeras de
Honduras. En el caso de Nicaragua y Costa Rica con la construcción del
ferrocarril del atlántico.
La población migrante
era mayoritariamente hombres, debido al tipo de trabajo a realizar, no se
descartan mujeres, pero no hay registros estadísticos que lo comprueben. En los años 60 se dio
una fuerte migración de familias salvadoreñas hacia nuestro país hermano
Honduras, que finalizó con una masiva deportación a finales de la década de los
60, cuando Honduras le declaró la guerra a El Salvador. La guerra finalizó,
pero las causas que la habían generado no fueron resueltas, la pobreza
económica de las familias se incrementó por lo que el éxodo nuevamente tomó vida en los hogares salvadoreños.