Mt. 27: 57-61; Mc.
15: 42 y 47; Lc. 23: 50-55; Jn. 19: 38-42
Jesús estaba
ya sin vida en la cruz. La Biblia lo narra en los cuatro evangelios (con
algunas variantes), nos dice que un hombre rico llamado José, de Arimatea, que había
sido también discípulo de Jesús, se presentó ante Poncio Pilatos y pidió su
cuerpo. José tomó el cuerpo lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en
un sepulcro nuevo, (que no había sido usado) luego, hizo rodar una piedra
grande hasta la entrada del sepulcro (para cubrir la entrada) y se fue. Aquí en
este momento habían dos personas que la Biblia nos destaca su presencia, María
Magdalena y la otra María, posiblemente su madre, quienes estaban sentadas
frente al sepulcro.
Ahora. Después de 2000
años, la humanidad sigue siendo sacrificada. En El Salvador, muchas hermanas/os
migrantes son crucificados en el dolor. Gracias a Dios, existen algunos
refugios, albergues y personas de buena voluntad que quieren rescatar los cuerpos con vida
de muchos personas, especialmente de NNA, que cruzan la frontera o que por lo
menos lo intentan.
Al igual que José de
Arimatea se están haciendo gestiones ante las máximas autoridades, para
rescatar los cuerpos y que no se sigan sacrificando a más personas. Hay una Ley
del Migrante para protegerles, pero esto no es suficiente; si no nos
comprometemos a trabajar para construir una sociedad que ofrezca oportunidades
para todos y no se vean forzados a migrar.
El pueblo gime de dolor,
así lo expresa esta “Cruz Subversiva” en la cual, el pueblo dejo escrito los
pecados cometidos, señalando que quienes ostentan el poder y la autoridad solo
la utilizan en contra de los más humildes e inocentes hijos de Dios, y no para
defender sus derechos.
Ahora los migrantes mueren
en el camino, en el desierto, en la frontera. Muchos de ellos, no tienen a un
José de Arimatea, que vele por sus restos, que sean sepultados o que sean
repatriados a su país, de manera que su madre y sus seres queridos puedan darle
una cristiana sepultura, en el lugar donde ellos quieren que su ser querido
descanse el sueño eterno.
La presencia de las dos
mujeres, solidarias ante el dolor y fieles en el seguimiento, estuvieron con
Jesús hasta el último momento. Ellas llegaron desde Galilea y fueron testigas
de como fue colocado su cuerpo en el sepulcro. Pensemos en María, la madre de
Jesús, en el dolor que su muerte le creo. El amor de una madre y de un padre solo
es comparado con el amor de Dios para sus hijos. Es un amor profundo, sin
límites, que supera las barreras de miedo y el peligro.
Jesús fue el misionero migrante
que se expuso a todo peligro y que encontró hasta la muerte por llevar ese
mensaje de amor y de salvación a todas /os los que en él creen.
Con esta reflexión podemos
hacernos las siguientes preguntas:
1.
¿Que le provoca la bajada
de Jesús de la Cruz?
2.
¿Quiénes son ahora los que
bajan de la cruz sin vida y qué se hace con ellos y ellas?
3.
¿A qué nos desafía este
acto en la actualidad?
V. Te adoramos, ¡oh Cristo!, y te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.
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