martes, 24 de marzo de 2015

JESÚS, EL MIGRANTE MISIONERO ES BAJADO DE LA CRUZ


Mt. 27: 57-61; Mc. 15: 42 y 47; Lc. 23: 50-55; Jn. 19: 38-42

Jesús estaba ya sin vida en la cruz. La Biblia lo narra en los cuatro evangelios (con algunas variantes), nos dice que un hombre rico llamado José, de Arimatea, que había sido también discípulo de Jesús, se presentó ante Poncio Pilatos y pidió su cuerpo. José tomó el cuerpo lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en un sepulcro nuevo, (que no había sido usado) luego, hizo rodar una piedra grande hasta la entrada del sepulcro (para cubrir la entrada) y se fue. Aquí en este momento habían dos personas que la Biblia nos destaca su presencia, María Magdalena y la otra María, posiblemente su madre, quienes estaban sentadas frente al sepulcro. 

Ahora. Después de 2000 años, la humanidad sigue siendo sacrificada. En El Salvador, muchas hermanas/os migrantes son crucificados en el dolor. Gracias a Dios, existen algunos refugios, albergues y personas de buena voluntad que quieren rescatar los cuerpos con vida de muchos personas, especialmente de NNA, que cruzan la frontera o que por lo menos lo intentan. 

Al igual que José de Arimatea se están haciendo gestiones ante las máximas autoridades, para rescatar los cuerpos y que no se sigan sacrificando a más personas. Hay una Ley del Migrante para protegerles, pero esto no es suficiente; si no nos comprometemos a trabajar para construir una sociedad que ofrezca oportunidades para todos y no se vean forzados a migrar.

El pueblo gime de dolor, así lo expresa esta “Cruz Subversiva” en la cual, el pueblo dejo escrito los pecados cometidos, señalando que quienes ostentan el poder y la autoridad solo la utilizan en contra de los más humildes e inocentes hijos de Dios, y no para defender sus derechos. 

Ahora los migrantes mueren en el camino, en el desierto, en la frontera. Muchos de ellos, no tienen a un José de Arimatea, que vele por sus restos, que sean sepultados o que sean repatriados a su país, de manera que su madre y sus seres queridos puedan darle una cristiana sepultura, en el lugar donde ellos quieren que su ser querido descanse el sueño eterno.

La presencia de las dos mujeres, solidarias ante el dolor y fieles en el seguimiento, estuvieron con Jesús hasta el último momento. Ellas llegaron desde Galilea y fueron testigas de como fue colocado su cuerpo en el sepulcro. Pensemos en María, la madre de Jesús, en el dolor que su muerte le creo. El amor de una madre y de un padre solo es comparado con el amor de Dios para sus hijos. Es un amor profundo, sin límites, que supera las barreras de miedo y el peligro. 

Jesús fue el misionero migrante que se expuso a todo peligro y que encontró hasta la muerte por llevar ese mensaje de amor y de salvación a todas /os los que en él creen.

Con esta reflexión podemos hacernos las siguientes preguntas:
1.      ¿Que le provoca la bajada de Jesús de la Cruz?
2.      ¿Quiénes son ahora los que bajan de la cruz sin vida y qué se hace con ellos y ellas?
3.      ¿A qué nos desafía este acto en la actualidad?
V. Te adoramos, ¡oh Cristo!, y te bendecimos.
R. Que por tu santa cruz redimiste al mundo.

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